domingo, octubre 17, 2004

¿Cuál es el sentido de la vida?

Es una pregunta mal planteada desde el principio. Como todas las preguntas que aspiran a obtener una respuesta objetiva, en la que el objeto de la pregunta, en este caso el ser humano, sea visto desde fuera.

Las personas solemos olvidarnos de que es extremadamente complicado, por no decir imposible, que un sujeto plantee cuestiones sobre sí mismo y aspire a que su visión sea objetiva.

Hace unos días leí el post de la bella Cassandra en la que autora hace una pregunta que imagino que todo ser humano se habrá hecho en alguna ocasión: ¿cuál es el sentido de la vida?

Me temo que no sé la respuesta, pero que creo que puedo dar una orientación que no va del todo desencaminada. Como he dicho, ignoro cuál es el sentido de la vida, pero de lo que sí sé es que las personas que se mueven por ella sin estarse planteando permanentemente si tiene sentido o no, están más cerca que los que dedicamos tiempo y energía a intentar solucionar una cuestión que no requiere de solución.

Y con esto no estoy planteando que esas personas, a las que considero más sabias que yo, sean en absoluto inconscientes o inmaduras, sino precisamente todo lo contrario: han conseguido poner sus preferencias en el orden que considero correcto, prestando atención a los problemas da cada día, a las cosas mundanas, a los temas que realmente requieren atención porque están cambiando continuamente. No se les ocurre perder ni un ápice de su tiempo preguntándose si la vida tiene o no tiene sentido, como hago yo. Suficientes problemas hay que solucionar para estar prestando atención a tonterías. Creo que ellos han dado con la respuesta.

En la vida todo es movimiento. Aquello que está inmóvil está muerto. Los humanos estamos vivos. Las construcciones que hacemos habitualmente no. Un concepto está muerto. Una idea está muerta. Un esquema mental está muerto. Un objetivo está muerto.

Solamente cobran vida cuando tienen traducción al mundo real. Una idea solamente puede vivir si hay una realidad que la soporte; un concepto solamente late cuando es aplicable a lo que nos rodea y nos ayuda a ver mejor cómo funciona esto; un esquema mental respira cuando las acciones de un ser humano se ajustan a él; un objetivo vive cuando la persona pone empeño, energía e ilusión para que se cumpla. Estas y todas las entidades que nacen de la mente no se pueden disociar de lo que llamamos realidad, porque pierden todo el sentido. ¿Por qué entonces hay personas que nos centramos en el lado equivocado de la cuestión? ¿Por qué centrarse en los conceptos, en buscar las respuestas a las grandes preguntas del ser humano, y no prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor? Porque, no nos engañemos, no se puede estar al mismo tiempo ocupándose de temas metafísicos y físicos al mismo tiempo. Vamos, yo por lo menos no puedo. ¿Por qué?

Pues creo que porque durante un tiempo estuvimos en contacto con la vida, con el mundo, y lo que vimos no nos gustó un pelo. Naturalmente que hubo cosas buenas, pero las perjudiciales o bien fueron mayoría o bien nos afectaron más de la cuenta. Eso ayuda a las personas a cerrarse en banda porque una de las características del ser humanos más hermosas y terribles es la capacidad de pensar que está separado de cuanto le rodea. Lo sé. Lo he vivido. Y comprendo a las personas que no encuentran respuestas. No entendemos qué es lo que mueve el mundo, ni como funciona, ni qué hacemos nosotros aquí, ni si tenemos que hacer algo en particular, ni si hay maneras mejores o peores de vivir y cuales son.

La respuesta a todas esas preguntas grandiosas está a nuestro alrededor, flotando como la niebla. No la podemos coger, ni herir, ni adueñarnos de ella. Y sin embargo nunca deja de acompañarnos. Sencillamente porque nosotros SOMOS la respuesta. Tanto si una persona es extremadamente religiosa como si es un firme defensor de lo que nos llega a través de los sentidos, tarde o temprano llegarán a esta conclusión. La solución jamás es independiente del problema. ¿Cómo podría serlo? Están una dentro de la otra.

Aparte, no se puede saber cuál es el sentido de la vida porque no sabemos lo que es la vida. Sabemos cómo funciona, conocemos las casi infinitas formas que puede tomar, sabemos como hacer crezca y cómo hacer que se marchite, pero realmente no tenemos ni idea de lo que es. Pregúntale a un biólogo lo que es la vida y te empezará a hablar de reacciones químicas, de moléculas, de células y de ADN. Ellos, evidentemente, creerán que tienen razón, que saben lo que es, pero la realidad es que no estudian la vida sino sus manifestaciones. Es algo así como leer la partitura de una sinfonía en vez de escucharla. Sí, se saben cuales son las notas de la sinfonía, pero no hemos oído nada de nada. Ignoramos cómo suena la música de la vida.

No Cassandra querida. Lo que te planteas no tiene respuesta. Y si prestas atención a todo lo anterior, y a todo lo que toda la maravillosa gente que tienes a tu lado, te ha dicho, descubrirás que la falta de sentido de tu vida no es tal, sino que tienes la libertad de darle a tu vida el sentido que quieras. Puedes convertirte en una diosa o vivir como una ermitaña. Pueden aspirar a amasar grandes cantidades de dinero o centrarte en conocer los recovecos del espíritu. Puedes dedicarte a hacer felices a pequeños, mayores, a todos, o centrarte únicamente en ti misma. En este juego tú pones las reglas. Tú mandas. Tú eres la dueña.

Sí, lo sé: no puedes controlar lo que tienes a tu alrededor: hay personas que mueren todos los días bajo las bombas, niños que son ametrallados, personas mayores que mueren solas en sus casas, mujeres que caen bajo los golpes de sus maridos, amigos que traicionan y olvidan... y tantas cosas horribles. Dado pues que la vida en general parece que va a lo suyo ¿por qué no hacer lo mismo? Cuidado, esto no lo confundas con una apología del egocentrismo, pero sí de un egoísmo equilibrado. No, no puedes controlar lo que sucede fuera, pero sí lo que sucede dentro, que es lo realmente importante. La vida pasa a través nuestro, la vemos con nuestros ojos, la tocamos con nuestras manos, la sentimos con nuestro ser. Si variamos la forma en la que usamos nuestros ojos y manos variaremos la visión que de ella tenemos. Y no tengas miedo a perder la perspectiva objetiva, porque como yo y como todo el resto del universo, nunca la has tenido. Es bonito pensar que nuestra visión, fruto de horas y días y años de meditación y de reflexión interna es más cercana a la realidad y a la objetividad que la de la mayoría de la gente, pero no es cierto. Es una falacia. Yo no tengo una visión más cercana a la realidad que alguien que haya estado veinte años en una burbuja. Como mucho tendré más conocimiento de lo que pasa por el mundo, pero no estaré más cercano al supremo conocimiento que él. Repito, tienes el poder de convertir esto en lo que quieras, no porque controles lo que te llega, sino porque tienes el poder de traducirlo a lo que quieras. Tú escoges los colores con los que pintar tu cuadro.

Piensa que estamos en un donut gigante, en una especie de rueda, y que vamos andando alrededor de ella. Habrá gente que ande más deprisa, que ande más despacio, gente que incluso estará parada. Pero por muy deprisa que se ande, por muchas veces que se dé la vuelta a la rueda y se conozca cada recoveco de cada tramo de la misma, no se estará más cerca del centro. Ignora a aquellos que te digan ?la vida es así o es asá? o mándales a freír espárragos. No están más cerca que tú ni que nadie. La vida es como tú la ves y sanseacabó. Y eres tú quien decide cómo la ves y por tanto cómo es.

Y todo este rollo ¿para qué? Pues para intentar demostrar algo evidente: que lo único que importa y lo único a lo que aspirar, es a ser todo lo felices que podamos. Realmente el ser humano nunca ha dejado de ser libre, y lo curioso del caso es que ha elegido ser libre para encerrarse. Pero es igualmente libre para salir cuando quiera de su auto construida prisión, pues tiene la llave de la celda en el bolsillo. De manera, bella Cassandra, que no busques la llave fuera ni esperes a tener la suficiente visión como para atravesar la oscuridad de la cárcel e intentar ver la llave colgando de un clavo fijado de una de las oscuras y húmedas paredes. Es muchísimo más sencillo: mete la mano en tu bolsillo, saca la llave, abre la puerta de la celda, y sal a contemplar las estrellas.

PD: No puse ningún comentario a tu post porque es difícil resumir todo esto en unas pocas líneas. Espero que te sirva para algo, pues a mí sí me ha servido. Cuídate mucho y un besazo princesa.

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